La chía desempeñó un rol principal en la vida cotidiana del pueblo azteca, quienes ya consideraban a esta pequeña semilla como un súper alimento. Además de ser esencial en su dieta junto con el maíz, el amaranto y los frijoles, tuvo un rol clave a la hora de los rituales religiosos. Hoy Guillermo Garat, especialista en temas gastronómicos, te invita a conocer su historia.
La chía es una semilla que posee un tamaño diminuto, ínfimo, pero que en su humilde estructura, guarda cualidades alimenticias únicas que la ubican en la categoría de superpoderosa o superalimento. La botánica afirma que su origen está en estrecho parentesco con una planta de la familia de la menta, propia del continente americano: la Salvia hispánica L. y numerosos grupos y comunidades indígenas de América del Norte, la utilizaban y la valoraban, más no la cultivaban.
Estos pueblos originarios de gran sabiduría práctica, en principio, tan solo sabían identificar las plantas de chía, y gracias a ello, la recolectaban en sus diversas variedades (en particular a la Salvia columbariae B.), una tipo presente en abundancia en los desiertos del norte. Por otro lado, los expertos mencionan que las civilizaciones teotihuacana y tolteca, 3.500 a.c tenían cultivos de chía en sus huertas muchísimo tiempo antes del arribo de los aztecas . Pero lo cierto, es que fueron estos últimos quienes contribuyeron a la difusión de la chía como cultivo de gran valor alimenticio
Chía, es una palabra breve, sonora. Algunas investigaciones sostienen que deriva de la lengua maya y que apuntaría a sugerir “fortalecimiento” o “fuerza” . Más están aquellas otras que indican que su origen se esconde en el vocablo náhuatl (azteca) “chian”, que hace referencia a algo “aceitoso”. Por otro lado, el actual estado mexicano de Chiapas, en lengua náhuatl su nombre significa “agua o río de chía”. y hoy, no hay dudas de que la planta de chía es natural de tierras mexicanas, en especial del Valle Central de México.
Las semillas de chía o el derrotero de una historia mínima
Los antiguos aztecas eran auténticos expertos en el aprovechamiento al máximo de los elementos de la naturaleza. La antigua capital de su imperio , la deslumbrante Tenochtitlán, se apostaba con firmeza y esplendor sobre las bases impredecibles de un lago pantanoso. Allí mismo , donde muchos cultivos esenciales de cereales, árboles y pequeñas plantas de nutrición esenciales como la chía prodigaban por doquier. Estas últimas , se cultivaban de forma particular, sobre unas esteras que eran tejidas utilizando corteza de árbol a la que rellenaban con tierra y luego dejaban flotar con libertad como pequeñas barcas de verde esplendor sobre las aguas. A tal punto, llegó a ser tenida como tesoro y valorada como tal por los aztecas que incluso, llegó a usarse como medio de intercambio comercial. Las autoridades gubernamentales, solían exigir semillas de chía a las tribus sometidas o conquistadas, como parte del tributo que éstas debían pagarles.
El papel que las semillas de chía tuvieron en los rituales religiosos fue notable y este hecho ha quedado bien documentado por los cronistas españoles. Se sabe con certeza que era apreciada de un modo tan alto, que su uso era sagrado y estaba reservado de forma exclusiva en la hora cúlmen de los rituales religiosos aztecas. Esta misma circunstancia fue lo que provocó su fuerte merma y luego, casi su extinción,dado que tras la conquista, sabiendo los españoles que se utilizaba a la hora de los sacrificios prohibieron su cultivo.
En el afán por imponer a los bravos indígenas una nueva cultura, los conquistadores españoles pensaron que la mejor estrategia era sustituir la chía, y también, el resto de los cultivos predilectos de la comunidad azteca por todo el amplio surtido de verduras y cereales del mundo europeo. Por suerte, para los aztecas, el plan de sus conquistadores no funcionó del todo. Si bien ,durante los últimos 500 años posteriores a la conquista , la diminuta semilla de chía sobrevivió en algunas regiones dispersas del territorio mexicano, lo cierto es que sobrevivió.
Un rol notable en medicina, cosmética y en las artes culinarias
En el campo de la medicina, la chía desempeñó a lo largo de la historia un notable servicio. Usada como efectivo cataplasma, fue de gran ayuda a la hora de cicatrizar heridas y de forma tópica, resultó excelente en el alivio de los dolores articulares producto de largas jornadas en el desierto. Además, el aceite de chía era usado por las mujeres como un emoliente natural para la piel.
Si bien la chía tuvo un rol de importancia en el curso de los rituales religiosos, en el área de la medicina y en la cosmética azteca, fue su gran valor nutricional lo que la ubicó en el podio de los alimentos. Una sola cucharada, bien cargada y generosa de semillas de chía, era capaz de proporcionar fuerza y energía a los guerreros aztecas durante toda una jornada. Por ello los aztecas,aprendieron a molerla para obtener su harina y a prensarla, para obtener su preciado aceite. Gracias a que la chía demostró tener una larga vida útil, su valoración no hizo más que aumentar su valor. En la actualidad se la considera una excelente fuente de calcio, aceite omega 3, vitamina B, proteínas y antioxidantes. Un combo que la hacen una super semilla, pequeña como una pepita de oro natural para la salud integral de nuestro cuerpo.