Hasta hace una década, tan sólo se contaban 346 estructuras en pie de conventillos auténticos en las inmediaciones del barrio de La Boca. Muchos de ellos , por seguridad fueron demolidos; otros, como ocurre con el restaurante Encuentro Nativo, fueron recuperados y puestos a punto para ofrecer una propuesta culinaria local de primer nivel. Entre tangos, colores, sabores y una atmósfera rioplatense auténtica, disfrutar de una comida en Encuentro Nativo, es vivir una experiencia gastronómica inmersiva en una de las viviendas más emblemáticas de nuestro país, el conventillo
Los colores de La Boca son inconfundibles. Caminito, la calle más icónica, señorea a su antojo e imprime su ritmo al barrio. A orillas del Riachuelo, las fachadas de los edificios y de los conventillos recuperados desgranan una paleta vibrante, intensa. Acercan vida y color a una ribera de aguas opacas y gelatinosas, en extremo contaminadas por la actividad industrial. Caminito no esconde, no miente, es eso: un intento exitoso de resiliencia. Un barrio marginal, que se levantó con viviendas de chapas precarias a las que la paleta e inventiva de un artista, regalaron vida. Hoy, esas mismas viviendas son el hogar permanente de muchos que siguen viviendo tal como se vivía aquí, en los albores del siglo XX. Otros, -los turistas- porque el lugar es tan pintoresco, vienen a conocer y a disfrutar de los sabores más propios de este rincón del planeta, donde restaurantes como Encuentro Nativo, ofrecen una experiencia inmersiva en un conventillo auténtico.
Benito Quinquela Martín, fue el artista que soñó con la gesta de un barrio distinto, que en ese entonces era un puerto activo. Criado en el barrio desde pequeño bajo el ala de sus padres adoptivos, fue el mentor del cambio, impulsado por un gran amor hacia este enclave y sus vecinos. Como artista, conocía por experiencia, el poder que tienen los colores y como pueden ser el puntapié para despertar emociones positivas. Algo esencial en un barrio poblado por inmigrantes, donde el trabajo cotidiano era en extremo arduo, intenso y a los que el río les recordaba la patria amada. Por ello, el pintor diseñó con estudiada parsimonia como combinar los colores que tendrían las fachadas. El objetivo principal, que dieran alegría a los vecinos, a esos a los que la pobreza les había robado casi todo. Por eso el color de Caminito, los cuales recrea a la perfección el restaurante Encuentro Nativo.
En Encuentro Nativo se puede disfrutar de un excelente almuerzo tanto en el patio como en el interior de un auténtico conventillo del siglo XIX. Si se elige el patio, el sol y los aromas de la parrilla aportan un plus que matizado con los tangos, hacen toda la diferencia. En el patio abierto tanto hoy como ayer, confluyen las vidas. Antaño, las mujeres pasaban tiempo fregando en los fuentones y tendiendo la ropa, mientras los más pequeños corrían y jugaban sus juegos. Para los hombres, era el espacio perfecto para fumarse un cigarrillo, escuchar la radio , tomar mate y conversar cuando caía la tarde.
Un experiencia culinaria en un conventillo original contada por Guillermo Garat
Hoy, en Encuentro Nativo, el patio con sus mesas bien dispuestas regala una atmósfera de bienvenida y fraternidad e invita también, a compartir sabores. Ciertamente, para la hora de la entrada uno no sabría qué elegir. Están las gambas a la trifolata, las rabas crujientes, la opción de sopa del día,unas empanadas fritas y dos tipos de provoleta, al oreganato o la nativa. Todas opciones simples pero potentes que tientan para ser acompañadas con un trago clásico, que bien puede ser un Garibaldi bien fresco ( Campari con jugo de naranja) y otro con el sello local, como es el inconfundible sabor del fernet con coca.
Este tipo de vivienda nació entre finales del siglo XIX e inicios del XX. Su fin, albergar a la impetuosa ola inmigratoria. En 1919 se contaban más de 2.400 y aunque el tiempo pasó, la forma de vida -rústica y precaria- no ha cambiado demasiado a través de las décadas.
Conventillo alude a las celdas de los conventos religiosos, famosas por ser en extremo austeras y pequeñas. Espacios que en este punto de la ciudad vivían familias completas. Hoy, en el espacio interior de Encuentro Nativo, se puede disfrutar de deliciosos platos que van desde las opciones de parrilla y abarcan las pastas caseras, y diferentes opciones de pescados, hamburguesas caseras, y milanesas. Una mención aparte merecen los platos vegetarianos, los risottos y los platos especiales. Entre estos últimos, se destacan el guiso de lentejas, la bondiola lola, los panzottis Filiberto, el salmón Garufa y el lomo tanquero.
En materia de postres, la rematan con toda la furia, así como termina un buen tango. Llegan los panqueques con extra de dulce de leche, el flan, helado con tres bochas, el brownie con helado, el cremoso argentino y el postre nativo. Esta opción imperdible es el cierre perfecto, con helado, obleas, tía María, vauquita y castañas de cajú.