Le Ciel de París, es el restaurante con nivel gourmet más alto de París y de Europa. Diseñado por el celebrado artista Noe Duchaufour-Lawrence y ubicado en la Torre Montparnasse, la decoración del lugar, con fuerte impronta contemporánea y futurista se combina a la perfección con sus fabulosas vistas panorámicas en altura de la ciudad luz. Un ágape inolvidable que Guillermo Garat acerca para el disfrute.
Le Ciel de Paris, ubicado en el piso 56 de la Torre Montparnasse, tal como lo dice su nombre, toca el Cielo. Y no solo ello, sino que además, permite a sus comensales vivir esta misma experiencia. A 209 metros de altura, a través de inmensos ventanales de vidrio, París despliega una bella postal de sí en miniatura. En primerísimo primer plano, a lo lejos , pequeña y encantadora, se ve la silueta de la Torre Eiffel. Luego, la ciudad, desde la perspectiva en altura que regala el edificio, -que es el segundo rascacielos más alto de Europa,- se despliega como en un gran plano de papel trazado a regla y escuadra, donde se ven delineadas a la perfección, sus calles, diagonales y bulevares arbolados. Y, donde el río Sena corre ondulante como un delgado hilo de plateado fulgor.
Si se visita el restaurante en la noche, la postal resulta igual de cautivadora: el perfil nocturno de París se abre en avenidas de luces y sombras que se pierden en el horizonte tenuemente iluminado. La magia de la ciudad desde la altura, vibra en el aire y se instala en las mesas de Le Ciel de Paris donde tendrá lugar otra experiencia de alto impacto, la gastronómica.
El menú, bajo la directiva del chef Christophe Marchais y su talentoso equipo de cocineros, se destaca por renovarse con los productos frescos que trae cada temporada. En este caso, el otoño parisino en Le Ciel de París acerca una propuesta que tiene como protagonistas a los frutos de mar. El rodaballo, la langosta, cigalas y trufas son de la partida. Y, a la hora de la entrada, el menú, propone un plato clásico del país: unos humeantes caracoles de Borgoña que, al momento de ser servidos,con un aroma delicioso, le roban el protagonismo a la espectacular vista de París.
Tradición gourmet para disfrutar desde las alturas
“Los caracoles a la Borgoña”,- explica Guillermo Garat, experto en gastronomía- “es considerado un plato festivo en su región natal, la Borgoña francesa. La tradición indica que se debe consumir a la hora del aperitivo o como entrada. Los caracoles, ingredientes principales del plato, que son cocidos en su punto justo y rellenados con una mezcla suave y aromática de perejil, ajo y manteca sazonada con hierbas y vino blanco, se sirven en sus conchas”. La propuesta en Le Ciel de Paris, se acompaña con una ensalada mezclum, que trae un surtido de hojas verdes alineadas con oliva y una pata de cerdo. Como segunda opción de entrada,el menú ofrece un surtido de foie gras (hígado graso de pato) que acerca el sabor suave, mantecoso y delicado que le es característico, con formas de cocción variadas. Por ejemplo, cocido a la plancha, estilo mi-cuit o con toques de marmolado con mechas de pechuga de pato.
A la hora del plato principal las opciones se abren en delicioso abanico de entre las que se destacan 2 propuestas, que además, resultan ser las preferidas de los comensales: el filete de ternera en deliciosa salsa de trufa y papines con risotto suave de arroz negro, y el plato estrella de la casa. Este consta de un fruto de mar, que aquí elaboran con nivel supremo: una tierna langosta sobre emulsión de vainilla Bourbon al caramelo.
De postre, aquí no pueden faltar dos clásicos de Francia: la tarta Saint-Honoré y el famoso pastel de chocolate. Elaborado con masa de hojaldre, crema Chantilly , profiteroles y frutos rojos, el Saint-Honoré es pura tradición y delicia a cada bocado. Elegante y de sabor supremo,sorprende con la combinación y balance exactos de sabores y texturas. Creación del pastelero Auguste Julien , cuyo local funcionaba en la Rue Saint Honoré de París, desde el siglo XIX, se encuentra en plena vigencia y cautivando paladares.
De postres y vinos en Le Ciel de Paris
Por su parte, el pastel de chocolate no se queda atrás en materia del sabor. Se trata nada más, ni nada menos, que del clásico volcán o fondant de chocolate, obra del chef francés Michel Bras. La experiencia de este postre regala una masa tierna y humeante que se sirve con una generosa bocha de helado de crema y si lo desea el comensal, puede agregarse frutos rojos o frutillas de estación. Todo regado con más hilos de crema de chocolate, caramelo y nueces.
La bodega está repleta de una selección cuidada de excelentes vinos, como el Cheval Blanc y el Mouton Rothschild . Pero si solo le apetece al comensal tomar una copa y saltarse la experiencia gastronómica, el lugar cuenta con un mini bar de tragos y champán, a pasos de la entrada.