Este postre tan simple como delicioso,sin atisbo alguno de refinamiento, se ha convertido en el símbolo gastronómico del icónico césped londinense. Guillermo Garat, experto en gastronomía, acerca hoy la historia que se esconde detrás de esta inamovible tradición en torno al tenis de nivel internacional.
En Wimbledon, la tradición reina con cetro real. Nada, ni un ápice, queda librado al capricho del momento y cada aspecto del certamen, se regula y supervisa con precisión de relojero Lo cierto, es que esto puede resultar una tarea agotadora, dado que la lista de las reglas y costumbres que la rica tradición impone sobre el césped londinense más famoso del planeta, son casi infinitas. Un abultado conjunto de reglas con largo pedigree histórico que delinean, con destreza de cirujano , que el Gran Slam pueda alzarse ante el mundo con esa impronta de selectividad y lujo que le son propias , que tanto lo elevan. caracterizan y distinguen .
Dueño de un ambiente y atmósfera selectas, distintas a la del resto de los grandes torneos, las normas de Wimbledon, en la práctica, se observan en cada detalle. Por ejemplo, van desde la vestimenta que lucen los jugadores,- que debe ser de blanco prístino e inmaculado-, hasta el decorado y la ambientación del lugar. Un espacio que abunda en detalles lujosos y donde se respira clase y sofisticación. Incluso, hay reglas precisas que establecen por tradición que es lo adecuado en relación a la gastronomía consumir en los días que dura el torneo: como que beber, que comer e incluso, que postre se debe consumir para vivir el momento tal cual lo disfrutaban los asistentes en los inicios, por 1877
Y es que, a años luz de los snacks de bolsa, los snacks fritos y demás bocadillos que abundan en otros torneos, el selecto público del afamado certamen inglés tiene por costumbre disfrutar del espectáculo a su modo , también en lo relativo a la gastronomía. Y, para ello, ha elegido consumir un manjar, un postre que – a contramano del conjunto- se destaca por su austera sencillez : las frutillas con crema. Un clásico entre los clásicos que, gracias a su combinación infalible en materia del sabor , se ha posicionado a lo largo del tiempo como todo un símbolo gastronómico de Wimbledon. Una tradición que ha acompañado de modo fiel a los aficionados y contribuido a apagar la ansiedad entre set y set y tanto a tanto, a puro deleite.
Un fruto exquisito en su máximo esplendor
Guillermo Garat, investigador y especialista en gastronomía, se ha dado a la tarea de investigar el trasfondo y origen de esta costumbre, y nos detalla : “Al momento, se desconoce la razón detrás de tan particular y caprichosa selección que ha devenido en una costumbre icónica en Wimbledon. Una tradición deliciosa que se instaló con fuerza y persiste inamovible hasta nuestros días: simple y sofisticada al mismo tiempo, tal como es el disfrute durante el torneo de un manjar intemporal como son las frutillas con crema” cuenta el experto . “Sin embargo, desde mi punto de vista, se debe más bien a una cuestión de plena disponibilidad de un fruto de estación. En Inglaterra, la fresa que se cultiva localmente, tiene su apogeo en los tiempos en los que se desarrolla el torneo. y, dado que las frutillas con crema son una verdadera delicia, lo cierto es que seguramente, se ha buscado aprovechar el consumo de este fruto en su esplendor, acompañado con un clásico que no falla, como la crema batida”añade Garat.
Las frutillas que se consumen en Wimbledon se cosechan a unos 50 kilómetros de donde se realiza el torneo. De esta labor, se encarga la empresa familiar Hugh Lowe que desde 1893 se encuentra operativa. El proceso se inicia durante el verano anterior, cuando se siembran los primeros plantines de frutillas que se disfrutarán en el próximo torneo. Cuando llega marzo, y con él los tiempos de lluvia y frío, se protegen las tiernas plantas con invernaderos móviles. Gracias a estos dispositivos, las frutillas pueden madurar plenamente sin ser estropeadas por las fuertes lluvias del otoño.
Durante la quincena que se extiende el torneo, el personal de esta empresa comienza a recolectar la fruta religiosamente, a las cinco de la mañana todos los días. Reynolds, la firma encargada de la provisión de todos los productos frescos para el torneo, envía una camioneta para el retiro del pedido, que llega esa misma tarde al predio de Wimbledon. En total, se consumen más de 28.000 kilogramos de frutillas con más de 7.000 litros de crema fresca, durante el tiempo del torneo, según cifras aportadas por All England Lawn Tennis and Croquet Club. Cada ración de este postre, que llega en coquetas copas filigranas, contiene alrededor de 10 frutillas de gran tamaño partidas por la mitad, sin nada de azúcar y acompañadas de una generosa capa de crema fresca que se sirve en el momento.