Es el bodegón MN Santa Inés, una antigua panadería bellamente restaurada que posee todo el encanto de los platos con aroma a hogar y que a la vez, destilan arte . Jazmín Marturet ,dueña y chef ,cuida no solo la presentación al detalle sino también,el ambiente familiar que se respira aquí.Recientemente distinguido con una estrella Michelín, el lugar se alza como referente por su excelente relación calidad-precio (Categoría Bib Gourmand). Por ello, es un imperdible absoluto que hoy Guillermo Garat, experto en gastronomía, te invita a descubrir.
A sus cuarenta años, Jazmín Marturet, egresada del Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), puede jactarse de que en materia de ollas lo ha visto todo. La estrella Michelín recientemente adjudicada a su restaurante, lo confirma y pone en el candelero lo que todos los vecinos de “la Isla de la Paternal”, ya sabían hace largo rato: que esta antigua panadería bellamente restaurada devenida en bodegón es todo un hallazgo, “palabras mayores”, donde cocinan platos que son una obra de arte, un “ verdadero poema”, como describen los comensales en su cuenta de Instagram y lo mejor de todo ocurre cuando llega la cuenta. Los precios son accesibles acordes a un vecindario modesto, pero que disfruta del buen comer.
Desde pequeña Jazmín soñaba con ser cocinera y de las mejores.Para lograrlo, explica que trajinó mucho entre las ollas y las cocinas, aquí y allá. Abarcó todas las aristas e intentó explorar todos los diferentes escenarios posibles que le ofrecía por aquel entonces el ámbito de la gastronomía. “Fui camarera, ayudante de cocina,… hice de todo. Organice caterings, preparé todo tipo de viandas nutritivas y gourmet,también hice comida congelada. En síntesis, me fogueé bastante” explica al recordar su recorrido inicial en el competitivo segmento al cual hoy consagra sus días en la tarea de “dar de comer y hacer feliz a la gente” Y, en esos menesteres, al calor del fuego, mientras adquiría experiencia, cuenta que descubrió que lo suyo era ir un paso más allá. “Amaba crear platos nuevos, ensayar recetas, inventar cosas . Todo a partir del ensayo y del error. A veces salían desastrosas y he probado cosas que te hacían poner los pelos de punta . Otras, en cambio, me daba cuenta que era arte puro, salían propuestas deliciosas” recuerda Jazmín, una verdadera chef artista.
Una esquina y una antigua panadería con encanto propio.
“Apenas lo vi me dije: si! Es éste “mi”lugar. Lo sentí en la piel. Pero además, estructuralmente hablando me gustó todo lo que traía consigo la antigua panadería de barrio: el horno espectacular y detalles clave como los utensilios y las herramientas de trabajo. Pudimos negociar y nos dejaron todo tal cual estaba, así, todo, todo, hasta los grandes canastos para el pan” relata Jazmín. ¿Ves ese banco?. Fue un invento de mi papá que lo restauró. Antes era un carro que tenía ruedas y los empleados lo usaban para llevar y traer la sal fina y la sal gruesa. Ahí se ven bien los dos compartimentos” señala
En el techo hay grandes palas de pizza que parecen remos de un galeón y hacen que de repente, el restaurante parezca un gran barco. La idea encanta a Jazmín, una viajera apasionada que recorre el mundo en busca de inspiración y sabores, entre otras cosas. “De cada viaje vuelvo con pequeños “tesoritos” : especias rarísimas, platos que se convierten en un instante en nuevos favoritos e imprescindibles, cucharitas, servilletas, caracoles, objetos porque sí, porque me dio repentina nostalgia no volverme a casa con ellos” explica en relación a su afán de coleccionista compulsiva. Sus viajes se cuelan en los platos, en detalles,en colores o en reminiscencias de lo que inspiran. También, como apasionada de las frutas, estas tienen un lugar protagónico en sus creaciones culinarias. “Te levantan y alegran cualquier plato. Amo los colores de los kiwis, las granadas y la versatilidad de las peras, por ejemplo. Acá no vas a ver ni una gaseosa, todo natural. Somo cero azúcar y cero plásticos,enfatiza”
Detrás del cementerio de Chacarita, en Avalos 360 y vecina de la parroquia Santa Inés, el restaurante fue muy bien recibido desde los inicios por los vecinos. Jazmín ha cultivado una relación estrecha con la comunidad que la sostuvo en medio de la pandemia. “Seguimos en vigencia porque la gente nos hacía pedidos por whatsapp” detalla.También en esos tiempos difíciles, esta chef estrella se arremangó el delantal y cocinó viandas y tandas de ollas para gente en situación de calle. Hoy, el cariño que sembró en el barrio le ha vuelto como un bumerang multiplicado y a escala internacional. Sin embargo, Jazmín no se la cree y sigue trabajando duro para sus vecinos y para no perder el alma que le dio vida y razón de ser a este lugar:el de dar de comer a quien se llegue hasta aquí con arte, con amor y calidad, siempre al mejor precio.